viernes, 12 de junio de 2015

OPINIÓN.- Y después de la jubilación de Eduardo Canorea como cogerente de la Plaza de Toros de Sevilla, ¿qué puede ocurrir?, por FERNANDO GELÁN

Siempre recordaré aquellos viejos tiempos de la Cervecería Española, cuando Diodoro Canorea, padre de Eduardo, convocaba a los representantes de los medios de comunicación para informar de los carteles de la Feria de Abril. Era un entrañable encuentro donde el empresario de la Plaza de Toros de la Real Maestranza de Sevilla dialogaba abiertamente con los informadores y críticos taurinos. Soy, afortunadamente, de los poquitos periodistas que aún quedan de aquel grupo --tal vez Manuel Olmedo y yo--, que acudía al establecimiento hostelero de la calle Tetuán. Recuerdo nombres como los de Ramón Resa, entonces presidente de la Asociación de la Prensa, José Montoto, Ignacio Arroyo, Celestino Fernández Ortíz, Manuel Olmedo, Manuel Murga de la Vega, Juan Manuel Borbujo, Antonio de los Santos, Juan José Gómez, Cristino Braojos, Manuel Alonso Vicedo, Manuel Parejo, entre otros informadores que se fueron incorporando a la mesa. Allí se reunían los directores de los periódicos y de la radio --la tele aún estaba en sus cimientos--, críticos taurinos y corresponsales de las agencias de Prensa de aquella época. Ninguno de los compañeros que realizan en la actualidad información taurina --periodistas titulados y aficionados a escribir de toros--, participaron en aquellos anuales encuentros que se celebraban en el popular y céntrico establecimiento sevillano. Había de entrada una buena mariscada --aquí todos éramos los tíos de la mariscadas--, y después una suculenta y bien preparada paella. Menú que mantuvo Diodoro Canorea cuando trasladó este encuentro con la Prensa y afición en el Restaurante Río Grande, a orillitas del Guadalquivir. Cuando murió Diodoro en el año 2000, con la celebración de un solemne funeral en Los Remedios, se hizo cargo de la Empresa Pagés su hijo Eduardo Canorea, con el apoyo de Ramón Valencia.

Comenzó otra época. La presentación de los carteles del abono de la temporada cambió de ubicación. Los últimos años en el restaurante de Paco Ramos este acto se había desmadrado porque se apuntaban a la comilona hasta los amigos y familiares de algunos informadores. Eduardo Canorea y Ramón Valencia fijaron esta cita con los medios en el llamado Salón de Carteles de la Plaza de Toros de la Real Maestranza de Sevilla. Más de una década ha pasado de estos encuentros entre los empresarios y los periodistas y aficionados a escribir de toros. Y ahora se nos va Eduardo Canorea. Antonio Lorca, que es de la última generación de críticos taurinos, adelantó en “El País” la jubilación del cogerente de la Plaza de Toros de Sevilla. El anuncio hecho por Eduardo ha sido analizado en profundidad por la crítica taurina. Carlos Crivell, médico metido a crítico taurino por su afición a los toros, ha comentado en su página web de sevillatoro.es que el empresario está bastante pachucho y que necesita unas forzadas vacaciones. Eduardo Canorea declaró que, tras cumplir los 65 años y haber cotizado durante 40 años en la Seguridad Social, dejaba los tratos de matar en la calle Adriano y que se iba a cortar orejas y rabo en la serena plaza que había conquistado tras sus muchos años de actividad profesional.

Pero con todo este sorprendente panorama en el que se mezclan la historia pasada y el presente hay que preguntar por el futuro inmediato de la Empresa Pagés. Eduardo Canorea colgará las botas por Navidad. Seguro que el cogerente en funciones ha pedido a los Reyes Magos algo más que una varita mágica para su cuñado, que se quedará ahora como único espada. Ramón Valencia tendrá que ir a portagayola, poner banderillas hasta de fuego como antiguamente, hacer todos los quites para hacer de la capa un sayo y entrar a matar con el alto compromiso de tener que hacerlo siempre con todas las de la ley que marca este complicado mundo del toro, que !vamos! no es ninguna mona...

FERNANDO GELÁN
Periodista
Medalla de Oro de la Ciudad de Sevilla.

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